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Con más de 80.000 visitantes diarios, la escultura toma protagonismo en la Bienal de Chaco

Unas 80 mil personas por día recorren la amplia oferta cultural de la Bienal de Esculturas de Chaco. Se puede disfrutar de actividades para chicos, exposiciones de obras de artistas chaqueños y de los seleccionados para la competencia internacional de escultura, espacios para la reflexión académica y una impactante feria de artesanías.

Unas 80 mil personas por día recorren la amplia oferta cultural de la Bienal de Esculturas de Chaco, donde obras efímeras en arena como las de Alejandro Arce o el muro de Juan Sorrentino que se derrumba por la vibración sonora suscitan la atención del público en este encuentro que suma un programa de accesibilidad para que personas ciegas puedan realizar un recorrido táctil y desentrañar los volúmenes del mármol que 10 escultores de todo el mundo están culminando a cielo abierto en el marco de la competencia internacional.

Actividades para chicos, exposiciones de obras de artistas chaqueños y de los seleccionados para la competencia internacional de escultura, espacios para la reflexión académica y una impactante feria de artesanías que reúne a artesanos variados del país y de pueblos originarios, entre otras expresiones artísticas, conviven por estos días en más de 9 hectáreas de un total de 14 que forman parte del Parque 2 de Febrero, donde se desarrolla la Bienal Internacional del Chaco con acceso libre y gratuito.

El recorrido obligado para quienes visitan la competencia escultórica a cielo abierto, una de las más importantes del mundo, convoca la curiosidad y la mirada experta sobre un trabajo en proceso que más allá del polvo que envuelve el espacio de los escultores -provenientes de Asia, Europa y América Latina trabajan-, mantiene un continuo flujo de miradas interesadas, expertas, críticas y más numerosas en horas de la tarde. Un espacio en el que la gente interactúa con los artistas y donde el cálido ofrecimiento de agua para mate o algún bocadillo de los vecinos, es uno de los detalles relevantes de la competencia gestada por la dupla creativa del fallecido artista Fabriciano Gómez y la escultora Mimo Eidman.

Foto: Pablo Caprarulo

Esta interacción entre escultor y público es el dato relevante de la Bienal, que funciona como un permiso para acceder al taller del artista, al aire libre, durante siete días, una instancia que remite al hecho fundacional desde ese primer encuentro que tuvo lugar en 1988 en la plaza 25 de Mayo y que en la actualidad acumula un legado patrimonial de 654 esculturas de relevantes artistas generado a lo largo de las distintas ediciones, según contabiliza Juan Sebastián Eidman, presidente de la Fundación Urunday que organiza el evento junto a la gobernación de la provincia, convertida hoy en un gran museo al aire libre.

Pero esta XII Bienal Internacional de Escultura 2022 también convoca al arte efímero, como el de Alejandro Arce con su grupo escultórico dedicado al oso “Jukumari” -una especie de la región andina en peligro de extinción- realizado en arena, punto de atracción para los niños. Contiguo a esta escultura se encuentra otra de menor tamaño, “El chajá”, un ave en madera que trabaja Gerardo Aranda, representante de los pueblos originarios. Y la también efímera obra de Fabiana Larrea, llamada “El ciclo de las cosas”: tres flores realizadas con plástico reciclado que configuran desde el vamos la transformación como recurso simbólico y concreto, sobre el río Negro, que regresarán luego a la fábrica que suministró su materia prima.

Por su parte, Juan Sorrentino presenta su proyecto “Derrumbe”: una pared de ladrillo, fierros, revestimiento y pintura que es creada y modificada al ser expuesta a la vibración sonora de frecuencias graves, tan característica de su experiencia como artista sonoro y visual. No solo el muro vibra y se va “destruyendo”, sino que el piso de tierra del parque transmite esas vibraciones al público, que observa los desprendimientos de la obra, tal como lo señala el propio artista chaqueño que reside en Buenos Aires.

Foto: Pablo Caprarulo

También, aunque aún inacabada, está la propuesta de Gerardo Suter, “Murmullos”, una estructura de madera que reproduce un gran trailer para generar la experiencia inmersiva de ser, por unos instantes, uno más en esa masa de migrantes que cruza la frontera inhóspita y mortal en su tránsito desde México a Estados Unidos.

Todos estos artistas argentinos invitados al “Encuentro de escultores”, trabajan sus obras con libertad de técnicas y materiales, por fuera de la competencia, y entre ellos también están Norma Siguelboim y Monica Souza.

Pero el foco de la Bienal, que se irradia como motor de la industria cultural provincial, comenzó con esos diez bloques de mármol travertino proporcionado para el Concurso Internacional de Escultura 2022. Todos diferentes si bien de dimensiones similares, entregados a los escultores hace escasos días, y que incluso obligaron a replantear proyectos originales como el del albanés Genti Tavanxhiu -que pasó de su “Re-cycladis” a una “Señorita”- o a adecuar ante una porosidad o agujeros imprevistos del bloque asignado, como en el caso del argentino Juan Pablo Marturano con “Más allá de las nubes”.

Los otros participantes son las escultoras Verena Mayer-Tasch (Alemania) y Ebru Akinci (Turquía), David Bucio (México), Sodong Choe (Corea del Sur), Arijel Strukelj (Eslovenia), Jhon Gogaberishvili (Georgia), Petre Virgiliu Mogosanu (Rumania) y el ucraniano Ihor Tkachivskyi.

Otra de las atracciones de esta Bienal fue la competencia “Hierros Líder”, destinada a estudiantes de artes de universidades e institutos artísticos del país con la consigna de realizar una escultura en 48 horas continuas y con 48 participantes en equipos de 13 provincias, que cerró su edición del jueves.

La accesibilidad es otro de los fuertes de la Bienal expandida como experiencia 2022, desde la posibilidad de “ver con las manos” para personas ciegas, a partir de un proyecto que nuclea a 20 organizaciones en la Red de Accesibilidad Cultural impulsado desde el Centro Cultural Alternativo (Cecual). La propuesta trabaja en la Bienal junto a la Fundación con cuatro ejes: capacitación; comunicación desde códigos QR a escritura en braile; infraestructura con adecuación edilicia del espacio que es más grande que en ediciones previas; y por último programación y contenidos tales como radio abierta y visitas guiadas por audiodescripción, entre otras.

En la experiencia concreta, el escultor detiene su trabajo y deja que la persona con algún tipo de discapacidad visual recorra con sus manos las formas y texturas del volumen en proceso, de ese granito sanjuanino, para que pueda sentirlas desde un lugar ajeno a la mayoría de los visitantes que le permite ser partícipe de un intercambio íntimo y público, a la vez que lo incluye en ese diálogo colectivo que finaliza con la premiación.

Es la primera vez que en el marco de la Bienal se realiza esta experiencia de audio descripción, de accesibilidad, algo que se prolonga en otras actividades y abarca distintas discapacidades, con herramientas pensadas desde el espacio de la propia web del evento, como otra forma de conocer e incluir en esa apuesta de un arte para todos propuesto.

Foto: Pablo Caprarulo

Otro de los espacios innovadores es el del “Arte en miniatura”, donde en un stand, varias impresoras 3D replican dos de las esculturas de Fabriciano Gómez, las que están instaladas en el exterior de la Catedral de la ciudad y no están reñidas con derechos de autor para su copia. Allí, por una suma que oscila entre 250 y 1000 pesos, el visitante puede llevarse como recuerdo una pequeña estatuilla, que demora por lo menos unas cuatro horas de impresión.

También se puede observar cómo se van construyendo estas figuras en blanco o marrón de material plástico reciclable, con impresoras fabricadas por una firma radicada en Lanús.

Para el titular del emprendimiento, Rubén Kuttercraft, “el arte de la Bienal se va a ver reflejada en todo el mundo” en esa gran vidriera de internet con estás réplicas a partir de modelos digitalizados con escáneres tridimensionales, llevadas a cabo desde el programa que impulsa la local Veta Noble. Un proyecto que busca resguardar de otro modo el patrimonio de Resistencia al digitalizarlo para que las personas puedan tener estas esculturas en sus hogares.

Una ecuación que busca popularizar las creaciones patrimoniales de esas 500 obras producto de competencias y bienales durante 34 años de trabajo, que se suman a las 100 previas que ya tenía la ciudad desde mediados de la década de 1940, e instala la tecnología como herramienta del patrimonio escultórico y generación de trabajo.

Con la visita de 600.000 personas en la anterior edición de 2018, las expectativas actuales de los organizadores superan esa cifra, tal como la numerosa afluencia de personas el domingo pasado o el cálculo de las 80 mil personas que se acercaron a escuchar el recital de Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale la noche del miércoles. La música es otro de los atractivos del evento.

Por otro lado, la competencia internacional reparte 50.000 dólares desde la Bienal organizada por la Fundación Urunday, 5.000 dólares para cada escultor que además recibe el certificado del premio que haya ganado -que tendrá su momento cumbre este sábado-, según la decisión del jurado integrado por los escultores León Saavedra Geuer (Bolivia), Francisco Gazitúa (Chile) y el búlgaro Todor Todorov. Es así que se dan tres premios y cinco menciones especiales, además del voto del público, el de los niños y el de los propios pares que compartieron la proximidad de la creación. Quedará la incógnita a ser develada sobre si vuelve a coincidir el voto del público con el de los jurados, una tendencia que parece estar en sintonía en las últimas ediciones.