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“Intento comprender la búsqueda del artista autor de la obra”

“Intento comprender la búsqueda del artista autor de la obra”

Así dijo la restauradora encargada de la obra de Bonome de la Plaza 25 de Mayo. Un mural con fuente que dejo de funcionar y hoy vuelve a ser parte del patrimonio.

Se trata de un mural que a la vez es una fuente. Una obra  de construcción colectiva: el boceto de Rodrigo Bonome,  la realización de Fernando Arranz, la ejecución de piezas cerámicas, de la Escuela Nacional de Cerámica de Buenos Aires y la dirección de obra en Resistencia, del arquitecto Mascheroni.  Data del año, 1970.

Dos palabras sobre los autores primarios: Bonome,  un gran pintor,  asiduo al paisajismo y escritor, profesor e intelectual argentino; Arranz, ceramista y profesor español nacionalizado argentino, la cerámica argentina se remite necesariamente a su presencia y a su obra.

Mariana Giordano escribe  que Bonome fue uno de los mayores colaboradores en el plan de embellecimiento que planteó el Fogón de los Arrieros quien le ofrece en 1969 la ejecución de un mural en la plaza central a través del aporte de la provincia y el municipio.

 

La especialista en Conservación y Restauración de Bienes Culturales (UMSA), Andrea Ypa, muy entusiasmada con el trabajo, habla de  la búsqueda permanente del paisajista  Bonome por ese verde argentino, y de esta obra en especial que refracta en  una escena nocturna del monte chaqueño con su fauna y flora autóctona, con el yaguareté, la serpiente enroscada, la intromisión humana –cazador, hacheros.

Ypa muestra la luna, los pájaros, enumera los árboles chaqueños encarnados en la cerámica. También se entusiasma y celebra la recuperación de la fuente ovalada que es parte de la obra y que estaba rellenada de tierra.

 

–          ¿Cómo llegaste a ser parte del equipo y dirigir la restauración de esta obra?

– Soy becaria de Conicet en el Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI) bajo la dirección de Mariana Giordano, quien justamente investigó anteriormente sobre el patrimonio artístico de la Plaza 25 de Mayo, incluyendo esta fuente mural. En el IIGHI formo parte de un proyecto institucional sobre políticas patrimoniales, donde trabajo en investigación y puesta en valor de colecciones y bienes patrimoniales. Mi especialidad es la conservación y restauración de bienes culturales, particularmente de obras murales, es por eso que la Fundación Urunday me convocó para este caso en particular.

 

–          ¿Cómo fue el proceso de recuperación de esta obra de  Bonome?

– El proceso inició con el estudio de investigaciones previas sobre la obra de Bonome y la búsqueda de material documental en archivos, eso nos brindó información sobre la estructura de la obra y acerca de cómo se veía el conjunto el día de su inauguración. Luego se realizó un diagnóstico detallado del mural, que presentaba numerosos deterioros: eflorescencias salinas, suciedad impregnada, faltantes de esmalte en las piezas cerámicas, manchas producto de la acción de agentes biológicos, pintadas e incisiones resultado de actos vandálicos, etc. Posteriormente, se diseñó una metodología de intervención que respetara al máximo las características originales de la obra.

–          ¿Por qué pasó tan desapercibido está semejante obra?

No creo que esta obra haya pasado desaperciba, siempre se ha considerado importante, por su historia, temática, características formales y su ubicación central en la plaza 25 de Mayo, frente a la Casa de Gobierno.

–          ¿La van a refuncionalizar? ¿Volverá a ser una fuente o solo quedará la estructura?

Sí, volverá a funcionar como fuente. Esto implicó una obra de gran envergadura ya que al remover casi medio metro de tierra que cubría la fuente detectamos una gran cantidad de raíces que habían provocado grietas y desplazamientos en la estructura. Además, hubo que instalar cañerías, picos de agua y equipo de bomba, ya que los artefactos habían sido robados o estaban obsoletos. Mediante la observación de las fotografías de archivo determinamos la ubicación de los picos de salida de agua, que se colocaron siguiendo el diseño original. Por otro lado, se tomó la decisión de incluir luces en el interior de la fuente, con el objetivo de aportar visibilidad al conjunto durante la noche.

 

–          Bonome fue uno de los grandes artistas que contribuyeron al arte en el Chaco. Vos hoy lo estás restaurando ¿qué sentis?

Bonome era un artista muy vinculado al círculo fogonero, aunque su rol más destacado fue más bien como gestor y teórico, encargándose de conseguir conferencistas para dar charlas en El Fogón así como esculturas para los primeros emplazamientos. Hay que destacar también que se trata de una obra en la intervinieron varias partes: la idea de la “fuente mural” es de Fernando Arranz, director de la Escuela Nacional de Cerámica. Esta escuela es la ejecutó los azulejos mediante la técnica de cuerda seca siguiendo el boceto de Rodrigo Bonome para el frente, y reproduciendo frases de poetas chaqueños para el reverso. Por otra parte, la fuente y el muro curvo fueron ejecutados bajo la dirección del arquitecto Horacio Mascheroni.  Esta obra, junto a los murales de Monsegur y Pettoruti, formó parte del Plan de Embellecimiento de Resistencia impulsado por el Fogón de los Arrieros, que al principio incluía no solo esculturas sino también murales. Este plan fue el germen de la Ciudad de las Esculturas que más tarde consolidaría la Fundación Urunday. Por todo esto considero que se trata de una obra clave, que da cuenta de la historia de nuestra ciudad.

–          ¿Que sentis al restaurar una obra tan significativa para una ciudad?

Una gran alegría pero sobre todo una gran responsabilidad. He tenido oportunidad de intervenir obras en otras ciudades, pero cuando se trata de mi propia ciudad, el compromiso es mucho mayor. Me gusta pensar que la van a poder disfrutar mi familia y amigos.

–          Bonome tenía la búsqueda constante del verde argentino ¿cuál es tu búsqueda, tu marca personal en cada obra?

Mi búsqueda es intentar comprender la búsqueda del artista autor de la obra. En realidad, ese es el objetivo de los restauradores, respetar al máximo la intención del artista, pasar inadvertidos. La restauración no implica un proceso creativo, sino un proceso de interpretación crítico de la obra y su devenir histórico, para entender qué es aquello que se debe conservar.

–          Por último, Andrea, ¿pensas que el arte es un bien de todos?

Al respecto, creo que hay mucho trabajo por hacer en dos sentidos: por un lado, promover procesos de apropiación del patrimonio existente por parte de los ciudadanos, y por otro, incentivar prácticas participativas en la producción de los bienes culturales, que permitan que a futuro todos los vecinos se sientan identificados.